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24 de abril de 2009

Que no se nos olvide la razón

Autor/es: Salwa Azzam

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Que no se nos olvide la razón…

Hace de esto veinte siglos y cada año repetimos de una y mil maneras los hechos y episodios de aquella última semana antes de la crucifixión…y en los umbrales del siglo XXI nada ha cambiado: con palabras muy parecidas a aquellas, los mismos conceptos, más o menos modernos, pero repetición al fin, sólo hemos variado apariencias y estilos. Se nos olvidó la razón de Tu venida.

Resucitaste y nos dejaste tu espíritu. Vitoreamos año tras año tu victoria sobre la muerte, pero a veces suena como el folklore religioso y rutinas recordatorias de creencias pasadas.

Perdónanos por eso.

Ayúdanos a recordar que nada terminó con tu muerte o tu resurrección, sino que sólo fue el comienzo de un gran compromiso.

Miramos atrás con temor, el miedo de vernos a nosotros mismos y a nuestro alrededor iguales y rutinarios, sin haber cambiado nuestro interior, nuestra relación con los demás, sin haber hecho la gran diferencia que nos pediste a partir de tu sacrificio, de tus enseñanzas, cuando nos diste la luz y la libertad, la verdad y el amor, el espíritu y la promesa.

Perdónanos por eso.

Míranos. Señor, no somos ni lobos ni corderos… no somos la sal, ni el grano de mostaza, ni la levadura…Grandes naciones cristianas creando guerras, grandes iglesias cristianas cuidando fortunas, grandes campañas evangelizadoras buscando adeptos con palabras altisonantes pero huecas y estériles.

Perdónanos por eso!

Nuestro planeta está enfermo, nuestras naciones están enfermas, nuestra vida está enferma, perdiéndose en la confusión de nuestros tiempos. Ya nadie cree en nada ni en nadie.

Nada ha cambiado, reincidimos en nuestras dudas, nuestras debilidades y soberbias… pero no las perdonamos en los demás.

Perdónanos por eso.

Decimos que la Fe mueve montañas, pero no lo creemos de tal manera que nos mueva a nosotros hacia los demás.

A veces nuestra Fe es para los días festivos y desde el discurso, pero no suficiente para sostenernos y sostener a los demás en momentos de dolor, dificultades y muerte. Decimos que Dios es Amor, pero el amor no nos ha cambiado ni transformado con nuestros semejantes. Decimos perdónanos, pero no perdonamos ni olvidamos. Decimos… decimos muchas cosas pero sólo las decimos.

Perdónanos por eso.

Mi hermano, mi vecino, mis amigos, los que me rodean no ven en mí lo que les predico. No me creen porque sólo

hablo… Hace veinte siglos que hablamos. Tal vez por eso no nos creen. No Te creen. Tal vez por eso no crecemos. Tal vez debamos volver a empezar. Hombres, Iglesias, naciones, líderes, todos…

Perdónanos por eso.

Ayúdanos a cambiar. Ayúdanos a creer, a crecer, a ser de verdad “cristianos”. Con humildad y esperanza te lo pedimos. Amén.

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