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29 de mayo de 2009

Pentecostes

Autor/es: Virginia Mínico

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 Pentecostés

Hoy soñé…

Hoy soñé… Era tan real el sueño que dudé si tenía los ojos cerrados o abiertos.
Estaba entre tanta gente que hablaba animada, saludándose, abrazándose!
Al principio no entendí nada. Miré para todos lados y la escena se repetía.
Cada rostro brillaba como reflejado por una luz ¿o por el rostro del otro de al lado?
Cada movimiento de cuerpo, de ropa, dibujaba correntadas de viento,
que se mezclaba y nos hacía cosquillas en todo el cuerpo y nos calentaba el alma.
Y me encontré hablando con hombres y mujeres de diferentes lugares, no sólo los de mi país,
¡sino de todas partes del planeta!... Y nos entendíamos, y comentábamos algo que estaba
sucediendo… ¿Qué era?

Hoy soñé… Era tan real el sueño, que creo en verdad, que mis ojos estaban abiertos.
Y caminé entre muchos pequeños, que jugaban divertidos y señalaban el cielo.
Y sabes que no había peligro, que las calles eran anchas, los senderos abiertos,
Se hablaba de confianza, de “te doy mi palabra”, de “estás en lo cierto”…
Realmente el Espíritu estaba allí y ¡yo lo soñaba con los ojos abiertos!

Hoy lo viví… ¡Mis ojos estaban abiertos!
Te ví de la mano de muchos otros como vos,
Te ví construyendo puentes, derribando muros,
Hablando el idioma del amor,
Calentándote bajo el sol de nuevos cielos.
Y tu voz sonaba como mares y tus brazos quemaban como fuego…


“Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos…” (Hechos 2:1)


Virginia B. Mínico

 

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abiertos, ojos, hoy, soñé

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