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24 de abril de 2009

Oración para cuando parece que Dios no responde

Autor/es: Ruben Yennerich

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Dios, Tú en Jesucristo respondiste con el Padrenuestro cuando los discípulos te pidieron que les enseñaras a orar.
También Tú les y nos has dicho varias oportunidades que te pidamos, porque nos darás.
Que busquemos para encontrar.
Que toquemos a la puerta, y se nos abrirá.

Dios, con mucha sinceridad y bronca a la vez, quiero preguntarte:
¿Por qué no respondes ni actúas, muchas veces cuando te lo pedimos? ¿Por qué tantas veces te callas y no haces nada de
lo que te pedimos? ¿Acaso no nos has invitado a pedir?
¿Acaso no has sido tú quien nos llama a buscar vida nueva y abundante?

¿Por qué Dios?
¿Es porque no sabemos pedirte?
Porque oramos con la calculadora. Ambicionando lo que no necesitamos. Codiciando más el tener que el ser. Cambiando
cruz por seguridad.
¿Es porque no sabemos qué pedirte?
Buscando lo imposible o un escape. Añorando milagros o soluciones mágicas. Soñando utopías sin compromiso.
¿Es porque no somos dignos de pedirte?
Por tener las manos sucias.
Por inconsciencia.
Por egoísmo.
Por pecado.

A veces, Dios, cuando te pido y no me respondes pienso...
Que tu respuesta ya vendrá, de otra forma.
Con lo que realmente necesitamos.
Y que simplemente debemos saber interpretarlo.
Que en la bondad de tu dar, equilibras la petición de todos.
Dando a cada uno a tu tiempo.
Y que sencillamente debemos contentarnos.
Que tu falta de respuesta es un llamado al compromiso.
Una demanda a bien usar el regalo de nuestra libertad.
Y que humildemente debemos seguir luchando.

Pero sinceramente, Dios, esto no me alcanza para entender la falta de respuesta a tu promesa.

Aún así, Dios, sin entender, sigo pidiéndote.
Tu llamado es muy fuerte y tu promesa suficientemente hermosa.
Mi oración no será nunca perfecta, lo sé y lo sabes.
Pero aún así sigo pidiéndote, Dios.
No puedo pretender manejarte, me has creado para la libertad.
Por lo que tú debes ser libre también.
Libre de responderme y salvarme.
Libre en tu justicia.
Libre de cumplir tu promesa.
Por eso, y aún así, sigo pidiéndote, Dios.
Porque tú me invitas.
Y me das la aptitud de interceder por otros, que tal vez no pueden, ni quieren pedirte.
Porque me ofreces esperanza.
Y una puerta abierta, cuando tantas se cierran.
Y un oído atento, en medio de tanta sordera.
Por eso sigo pidiéndote, Dios.
Dame sed de oración.
Enséñame a orar.
Hágase tu libertad. Amén

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