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24 de abril de 2009

Llamarme por mi nombre

Autor/es: Rebeca Santiago Jiménez

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Pude sentir tus manos sobre mis ojos, tus palmas tibias
acariciándolos,
tus manos recias, ásperas y suaves tocando mi cara.
Me llamabas por mi nombre, suavemente...
casi un susurro, casi una oración, casi un lamento.

Abrí mis ojos, vi tu sonrisa, brillaba...
tu mirada acariciaba la mía,
no recuerdo el color de tus ojos
recuerdo su ternura, su calidez.

Me llamabas,
y tu voz era como el sonido del viento entre los árboles,
como el sonido del mar.
Como la voz de mi madre.
Como el canto de los niños, de las aves...
Como una alabanza, como una súplica...
Corrí hacia ti.

Hoy desperté temprano,
el cielo brillaba, un azul intenso.
La luz del sol se colaba entre las cortinas de mi cuarto.
Algo extraño sucedía
Todo era diferente.

No tenia miedo, ni angustia
una extraña paz inundaba mi alma, mi mente,
yo me hundía en ella.

Y de pronto mi mirada se cruzó con la tuya.
Mi cuerpo se estremeció con tu voz
Mis manos con tus manos....
Te reconocí.
Tanto tiempo perdida....

Hoy te veo en los ojos de mis hijas,
en los de mis hermanos, en los ojos de tantos niños..
en las miradas de tanta gente.
Reconozco el calor de tus manos en tantas manos amigas.
Y te escucho en tantas voces, en las voces de alegría
en las súplicas, en los cantos, oraciones, o lamentos.
En las charlas con los amigos, en las palabras de amor...

Gracias Señor por tocarme, por llamarme y abrir mis ojos.

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ojos, manos, casi, voz, recuerdo

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