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16 de noviembre de 2016

Liturgia Cristo Rey

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CULTO – Domingo de la Eternidad – CRISTO REY

Noviembre de 2016

SALUDO: “Si nuestra esperanza en Cristo fuera únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres.” 1 Cor. 15,19 – Con estas palabras del Apóstol Pablo los saludo y les doy la bienvenida a este Culto, en el nombre del Señor Jesús; Aquel que era, que es, y que ha de venir. Amén.

CANCIÓN: Jesús divino (Culto Cristiano n° 38)

INVOCACIÓN: Comenzamos nuestro Culto en el nombre de Dios; a quien alabamos con alegría en ésta, su casa. En el nombre de Jesús; quien nos dejó su paz para que alcancemos bienestar en nuestra hermandad. En el nombre del Espíritu Santo; quien ha querido reunirnos en comunidad para celebrar y reafirmar nuestra fe. Amén.

SALMO 122,1-5 – Vengan, adoremos al Señor

ORACIÓN DE CONFESIÓN: 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia Señor… 
Por nuestra falta de alegría que hace lentos y errantes nuestros pasos en el camino del encuentro contigo. 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia Señor… 
Porque hemos enmudecido nuestros labios a la hora de alabarte y nos han sobrado palabras de reclamo y disconformidad. 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia Señor… 
Por la comunión que no siempre abunda entre nosotros y hace que entorpezcamos la paz que nos ofreces como don a través de tu Espíritu Santo. 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia Señor… 
Porque nos creaste con amor, lo has dispuesto todo para nuestro bien y –aun así- hemos preferido conducirnos por senderos donde el desamor, el descontento y el pesimismo nos han alcanzado; teniendo actitudes egoístas y cargadas de pesimismo. 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia Señor… 
Porque nuestro descontento ha traído dolor a nuestro entorno y –al igual que el vinagre ofrecido a Jesús en el Calvario- hemos intensificado el sufrimiento de viejas y nuevas heridas. 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia Señor… 
Para que las cruces que pesan sobre nuestros hombros y han opacado y oscurecido nuestra existencia, ya dejen de ser una carga en nuestras vidas. Que, renovados por Jesús, quien cargó la cruz mayor para liberarnos de las nuestras; marchemos con alegría como pueblo tuyo que anuncia tu buena noticia. 
Necesitamos ser alcanzados por tu misericordia, oh Dios… Por eso te rogamos que nos escuches cuando juntos te imploramos: Señor ten piedad de nosotros.

ABSOLUCIÓN 
“Tú, Señor, cambias mis lágrimas en danza; me quitas la tristeza y me rodeas de alegría, para que cante salmos a tu gloria. Señor, mi Dios: ¡no puedo quedarme callado! ¡Siempre te daré gracias!” (Salmo 30,11-12)

CANCIÓN: Aramos nuestros campos (Cancionero n° 271 – Canto y Fe n° 368) -

OFRENDA

ORACIÓN DE COLECTA: 
Nuestro buen Dios, te damos gracia por tu Palabra que trae luz en medio de nuestra oscuridad. Te agradecemos porque por medio de ella Tú quitas el velo que busca interponerse ante nuestros ojos para impedirnos contemplar tu obra redentora a través de Jesucristo. Te alabamos porque siempre te acuerdas de nosotros y nos prometes tu presencia en cada momento de nuestras vidas. Alcánzanos con tu resplandor para que alcancemos sabiduría y comprendamos tu mensaje de amor. Por Jesucristo, el Rey del mundo, nuestro Señor y salvador, te lo pedimos. Amén.

LECTURAS BÍBLICAS:

2 Samuel 5,1-15 – LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO. 
Colosenses 1,12-20 – ALELUYA

CREDO APOSTÓLICO

CANCIÓN: Hay un lugar do quiero estar (Culto Cristiano n° 241)

MENSAJE: Lucas 23,35-43

La tierra se estremeció… Hubo tinieblas y oscuridad… Un pueblo que observa… Gobernantes que se burlan… Soldados que cumplen órdenes llenas de crueldad… 
Piden señales… No bastaron los múltiples milagros que el Maestro obró por compasión y caridad. 
Quisieron más… Fueron por más… 
Y los venció su soberbia, su falta de compasión, su incomprensión, su rigidez de corazón. 
Hicieron uso de su poder transitorio pretendiendo aniquilar y hacer desaparecer a quien vino a mostrarles otro tipo de poder, ese que perdura para siempre. 
A sus ojos (velados y cegados) no podía ser el enviado de Dios, el Cristo, quien salvando a tantos no podía salvarse a sí mismo. 
¿No podía? ¡Claro que sí! 
Pero rehusar el peso y el dolor de la cruz, hubiese sido desconocer el propósito de su venida al mundo. 
Todo estaba escrito… Todo se cumplió tal cual los profetas lo anunciaron… 
Y los que se creyeron vencedores, terminaron vencidos... 
Vencidos por la dureza de su corazón. Vencidos por ver la realidad parcialmente, según sus limitados criterios, según su conveniencia. 
Pensaron que pudieron con todo y la primera realidad frente a sus ojos les revelaba su error: El letrero que revelaba la identidad de Jesús. 
La frase “Éste es el Rey de los Judíos” les mostraba la limitación de su poder. 
Pudieron con los tormentos, con las torturas; pero no pudieron con lo que estaba escrito. 
Porque “lo escrito, escrito está”. Fueron las palabras textuales de Pilato, cuando le pidieron que sacara ese título de la cruz. 
El poder de turno, ese que dura sólo un tiempo, quiso dominar y vencer al poder que lejos de desvanecerse, es eterno. El poder de Jesús… El poder del Rey (no sólo de los judíos sino del mundo entero). 
Una cruz central y una a cada lado. Dos criminales que estaban pagando su condena. 
Uno –en medio del dolor- enfurecido, insultante, buscando las mismas señales y pruebas que los gobernantes y los soldados le reclamaban a Jesús… 
El otro –con el mismo dolor- recociendo su falta e implorando compasión a Jesús (víctima, como ellos, de toda falta de piedad). 
Hubo oscuridad… Sí, mucha oscuridad… 
No sólo la que puso en tinieblas a la tierra misma, sino la que veló los ojos de los que ejercieron la violencia más extrema contra el Maestro. 
Pero en medio de esa oscuridad, comenzaron a vislumbrarse los primeros destellos de luz: “La mirada compasiva de Jesús frente a su compañero de destino.” 
Ese que, con ojos tristes, le rogó: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”; fue el primer testigo de la luz de los ojos compasivos de Jesús que –sin tardar- le respondió: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” 
Los mismos ojos que –llenos de luz- al contemplar la oscuridad de las mentes y corazones de quienes lo maltrataban sin piedad, le rogó al Padre (por compasión) momentos antes: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen.” 
Demasiada oscuridad, pero no la suficiente para vencer la luz de Cristo. 
Luz reflejada también en el velo del templo rasgado por la mitad. Anuncio palpable de que nada ni nadie podría ya separarnos del amor de Dios, revelado en Jesús. 
Como bien lo afirma el Apóstol Pablo: “En todo, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor.” (Romanos 8,37-39) 
Hoy, como comunidad de fe reunida, celebramos el último domingo del año litúrgico, llamado también: Cristo Rey o Domingo de la Eternidad. 
Reafirmamos que Cristo venció al mundo y que nos hace vencedores a nosotros también. 
No han cambiado demasiado las cosas a lo largo de la historia. 
Siguen presentes las burlas de quienes ostentan (en el mundo) el poder y abusan de él… Un poder transitorio que sume en el dolor a los que no tienen voz (simplemente porque no se los escucha). 
Porque no es otra cosa que “burla” cuando unos pocos deciden el destino de la mayoría. Y eso es pecado, aunque nos quieran hacer creer que es lo mejor para todos y que saben lo que hacen. 
Un pecado que necesita una y otra vez de la frase de Jesús, siempre actual que repite: “Padre, perdónalos, porque no sabe lo que hacen.” 
No son pocas las cruces que pesan hoy sobre los hombros de muchos. 
Cruces que doblan la espalda, cruces que dificultan la marcha, cruces que buscan vencer con su peso nuestro peregrinar. 
Pero cruces que no pueden vencer el poder de Jesús, quien venciendo su cruz, nos hace vencedores frente a cualquier signo de cruz, de dolor y de muerte en nuestro tiempo. 
Cristo, Rey del mundo, se arrima hasta nosotros para aliviar el peso de nuestras cruces… 
Nuestras cruces como pueblo, como país y también nuestras cruces personales… 
Frente a cada una de ellas, sólo nos resta a nosotros, frente al dolor, tener la humildad, la entrega y el abandono total de nuestro ser en Él que sabe lo que necesitamos porque conoce nuestras aflicciones. 
El Evangelio de hoy es una verdadera invitación a voltear nuestro rostro para encontrarnos con Jesús y pedirle, con un corazón sincero y revestido de una fe renovada: “Señor, acuérdate de mí.” 
Es la frase del malhechor… Una frase corta… ¡Pero cuánto dicen estas palabras! 
La misma frase y los mismos ojos compasivos de Jesús, quien se acerca hasta nosotros y nos dice: “Estoy contigo y estarás conmigo para siempre”. 
Como el alba nos anuncia un nuevo día, este Culto nos advierte la cercanía del Adviento. Tiempo de espera. 
Esperemos confiados en el Señor, cada día, todos los días, toda la vida; porque Él nos repite a cada instante: “Estoy contigo y estarás conmigo para siempre”. Amén

CANCIÓN: Por un pedazo de pan (Cancionero n° 244 – Canto y Fe n° 350)

EUCARISTÍA

ANUNCIOS

ORACIÓN DE INTERCESIÓN – PADRENUESTRO

BENDICIÓN: Que tengas gratitud a Dios cada jornada, para que encuentres alegría cada uno de los días que te sean concedidos. Que la paz de Jesús te alcance y así tu vida adquiera plenitud y sentido. Que la presencia y compañía cotidiana del Espíritu Santo te permitan renovar y fortalecer tu fe frente a toda circunstancia. Que el Dios trino sea contigo en todo tiempo. Amén.

CANCIÓN: Dios te bendiga, protección te dé (Culto Cristiano n° 304)

P. Carlos Brauer – Entre Ríos, Argentina. 
Iglesia Evangélica del Río de la Plata

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