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03 de mayo de 2017

ESTUDIO EXEGÉTICO–HOMILÉTICO, Juan 10:1-10

Autor/es: Pablo Ferrer

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ESTUDIO EXEGÉTICO–HOMILÉTICO 097 – Abril de 2008

Responsable: Pablo Manuel Ferrer

 

4º Domingo de Pascua

Sal 23; Hch 2: 42-47; 1Pe 2: 19-25; Jn 10:1-10

 

Análisis exegético de Evangelio de Juan 10:1-10

Para poner en contexto…

Literariamente el texto de Juan 10:1-10 es parte de uno de los discursos joaninos de Jesús. Éste se extiende desde 10:1 a 10:18. Dentro de los discursos joaninos éste es de los que se reconocen como los “Yo soy”, referidos a la persona de Jesús y en los cuales se destacan sus características en cuanto figura mesiánica.

A la vez tenemos que visualizar, en un marco más amplio, que este discurso se encuentra insertado literariamente en la problemática de la ceguera que comienza en 9.1 y finaliza en 10:21. Es decir que a una narrativa como la del capítulo 9 le sigue un discurso. Interesantemente, entonces, este discurso resolverá una de las cuestiones planteada por la narrativa del capítulo 9: ¿quién es la puerta? ¿a quién seguir?, etc…

Esto es lo que se refiere al contexto literario y de forma del texto que tenemos para este domingo. Ahora abordaremos el texto en sí.

 

A grandes rasgos…

En principio vemos un texto dividido en dos: en primer lugar tenemos el relato de una alegoría (1-5) y en segundo lugar la explicación de esta alegoría (7-18).

En cuanto a la primera parte, la alegoría es un recurso discursivo visiblemente diferente a las parábolas que encontramos en los evangelios sinópticos. El evangelio de Juan usa una antigua palabra para nombrar este recurso literario: paroimía. No es esta definición la que se da en los evangelios sinópticos a las parábolas: parabolé. En el caso de comparar la paroimía con la parabolé podemos encontrar diferencias bien claras. Si bien el lenguaje y la situación cotidiana poco definida, en Juan, son diferentes a las parábolas sinópticas, tal vez la diferencia más notable se da en otro aspecto. En los evangelios sinópticos el núcleo parabólico presenta una paradoja surgida a partir de una situación cotidiana. Esta paradoja, como tal, quiebra la dinámica social-cultural esperada en el desarrollo del relato. Contrariamente, la alegoría de Juan 10:1-5 no establece literariamente una paradoja sino una situación totalmente esperable dentro del marco de sentido común del texto-cultura. Aún dentro de la alegoría misma hay elementos explicativos que eliminan lo paradójico: “porque conocen su voz”, “porque no conocen la voz de los extraños”.

En cuanto a la segunda parte, la explicación, ésta surge motivada por la incomprensión de sus destinatarios (10:6). La explicación se coloca a modo de “realidad” a la cual la alegoría se refiere. Es decir que la alegoría se ve validada en tanto se “refiere” a la realidad, la cual es dada por la explicación. En este sentido la explicación despliega referencias unívocas entre la alegoría y la explicación (“este término de la alegoría se refiere a este término de la realidad-explicación”) Esto también es una fuerte diferencia con las parábolas sinópticas puesto que, por lo general, éstas no se explican sino que mantienen su propia autoreferencia (una excepción es Marcos 4:1-9, y su explicación 4:13-20 y sus paralelos sinópticos). Podemos decir que lo que no entienden los destinatarios no es la alegoría en sí sino su referencia a la realidad. Una vez comprendida esta referencia se produce una fuerte discusión entre los destinatarios (10:19).

Es de importancia notar en qué casos se usa cada uno de los recursos literarios. La parábola sinóptica contada por Jesús es un elemento que exige un cambio de paradigma para poder aceptar la dinámica interna de la parábola. Los razonamientos usados socialmente no son útiles para comprender la parábola sinóptica. La lógica de la parábola se pone en conflicto con la lógica del sentido común. Esta oposición debe provocar en el lector de la parábola una definición o una puesta en consideración, al menos, de la oposición que surge en estas dos lógicas.

Por otro lado, la alegoría como la encontrada en Juan 10 toma la dinámica del sentido común usado en la cultura y la sociedad circundante. No hay una crítica a la lógica usada por todos. Lo que revela, en todo caso, la alegoría es quienes son los actores verdaderos o falsos de esas lógicas. Podemos decir que mientras que no sería posible ver que una parábola se hace realidad tan fácilmente, por el contrario una alegoría es una situación cotidiana y común. Es desde aquí que podríamos decir que en la parábola el discurso parabólico es lo “firme”, lo “cierto y verdadero” y la realidad social es “asediada” por éste. Contrariamente, en la alegoría, la realidad social es lo “verdadero”, el elemento significativo. Puesto que no hay una crítica a la dinámica cotidiana, es ésta la que forma la alegoría. Pero a la vez la alegoría se “rebela” descubriendo quiénes están actuando verdadera o falsamente esa realidad.

 

Para ver las oposiciones…

Estamos frente a una alegoría y a su explicación que hacen explícitas una serie de oposiciones. Y no sólo esto sino que podemos afirmar que la dinámica misma del texto tiene como base el desarrollo de las acciones de elementos opuestos.

Oposiciones en la alegoría:

Entrada por la puerta vs. entrada por otro lado (10:1-2)

Voz convocante vs. voz no convocante (10:3-5)

Cada una de estas acciones genera, a su vez, un par de oposiciones.

La primera es una oposición, podríamos decir, que define los responsables de las ovejas:

Quien entra por la puerta: pastor de las ovejas

vs.

Quien entra por otro lado: ladrón y salteador

La segunda oposición crea una reacción en las ovejas:

Voz conocida: seguimiento

vs.

Voz desconocida: huida

Lógicamente, nadie discutiría estas oposiciones. La alegoría se conforma en su dinámica literaria a partir de una dinámica social aceptada y no controvertida. No es la dinámica de la alegoría lo que no se entiende (v. 6). Es luego, en la explicación de la alegoría, cuando se producirá el evento que provocará una división en los oyentes (v.19). En esta división está presente el hecho próximo anterior que dio lugar a la alegoría y su explicación: la curación del ciego y el conflicto desatado por la misma (v.21).

Es necesario entonces que la alegoría sea leída con el capítulo 9 de trasfondo. Y de la misma manera el capítulo 9 tenga en la alegoría del capítulo 10 un análisis de la situación.

 

Comentario

El capítulo 9 evidencia una situación social en donde reina la confusión en relación a los roles esperados de los personajes y los roles que efectivamente estos llevan adelante. La respuesta de Jesús puede leerse en la alegoría del capítulo 10. Si en la situación del capítulo 9 el problema es la ceguera, en la alegoría del 10 hay un cambio de registro para pasar a mencionar el problema de la voz, de saber y reconocer a quienes se escucha. No deja de ser interesante este cambio de registro puesto que permite que el receptor del evangelio analice todo lo que “se escucha” en la historia del ciego. Invita a cerrar los ojos y escuchar los mensajes y reconocer quiénes los dicen. Claro que este “cerrar los ojos” es una buena oportunidad para escuchar con más atención y poder seguir a quien sí es el verdadero pastor de las ovejas y no a quienes son ladrones y salteadores. El v. que actúa como bisagra es el 41 del capítulo 9: el problema no es que vean o no vean -dirá Jesús- el problema es lo que dicen (porque dicen “vemos”) y en consecuencia, lo que otros escuchan.

Instituto Universitario ISEDET, Buenos Aires, Argentina

Este material puede citarse mencionando su origen.

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Palabras relacionadas

Juan, Ovejas, Puerta, Jesús

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