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24 de julio de 2017

ESTUDIO EXEGÉTICO-HOMILÉTICO - Mateo 13:31-33

Autor/es: René Krüger

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EEH- 028 – Julio 2002

Domingo 28.07.2002 – Décimo Domingo después de Pentecostés 

Salmo 119:129‑136; 1 Reyes 3:5‑12; Romanos 8:26‑39; Mateo 13:31-33(.44‑52)

 

Introducción

El Leccionario propone Mateo 13,31-33.44-52. Dado que es difícil predicar sobre tres parábolas a la vez, sugerimos limitar la predicación a la dupla de las parábolas del grano de mostaza y de la levadura.

La parábola del grano de mostaza se conecta con las del sembrador y de la cizaña mediante las palabras-corchete sembrarsemilla y campo. Conviene, pues, tener en cuenta lo dicho en el repaso exegético de las parábolas anteriores.

Con estas dos parábolas se cierra la proclamación de carácter público de este capítulo, y la instrucción continúa puertas adentro para los discípulos. Por ello, el evangelista agrega una reflexión redaccional y, fiel a su estilo, una cita de cumplimiento de la palabra profética en los vs. 34-35.

La combinación de las dos breves parábolas se basa en razones de contenido y proviene de la Fuente de los Dichos, de la cual se nutre Mateo aquí y en otros capítulos de su obra. En el texto de Mateo se nota la influencia de la versión de Marcos como también de la Fuente de los Dichos, pues en algunos detalles coinciden Mateo y Lucas contra el texto marcano.

El texto marca un cierto contraste con respecto a la parábola del trigo y la cizaña, pues mientras allí hay mezcla de buena y mala semilla, aquí sólo hay excelencia: semilla de mostaza rendidora, levadura útil.

 

Repaso exegético

V. 31: la introducción es típicamente mateana. Reiteramos que la frase El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza... debe entenderse de la siguiente manera: Con el reino de los cielos sucede como con un grano de mostaza...

El grano de mostaza es la semilla de la mostaza negra (Brassica nigra), con un diámetro que llegaba apenas a un milímetro. Era, en efecto, la semilla más chica que podían conocer e imaginarse los discípulos. (Una semilla de orquídea es menor aún, pero ésta no cabe en aquel mundo bíblico). La mostaza es presentada como planta de campo, en conformidad con la agricultura de Israel y a diferencia del texto lucano, que de acuerdo a su visión helenística habla de una huerta (Lucas 13,19). Esta planta anual se cultivaba para obtener aceite de sus semillas. Tenía hojas grandes, flores de color amarillo y pequeñas vainas que contenían las semillitas.

V. 32: La yunta oposicional la más pequeña de todas las semillas – la mayor de las hortalizas apunta al meollo de la cuestión: el granito de pequeñez proverbial (según textos judíos y helenísticos; cf. también Mateo 17,20, donde Jesús vuelve a usar la imagen de la pequeñez de esta semilla) se convierte en árbol, cuyas ramas permiten hacer nidos. La planta adulta podía llegar a tener tres metros de altura, y ocasionalmente incluso algo más. No había otro ejemplo del mundo vegetal más adecuado para indicar una oposición entre un comienzo insignificante y un final magnífico. Sin subrayarlo explícitamente, el relato también presupone que este crecimiento es un proceso imparable.

La imagen completa se nutre de algunas tradiciones veterotestamentarias, entre las cuales descuella el árbol universal de Ezequiel 17,23 (En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán); 31,5-6 (Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado. En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones). La formulación proviene de Daniel 4,21 (TM 4,18) (...cuyo follaje era hermoso, y su fruto abundante, y en que había alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo, y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo). De acuerdo a estas imágenes, el reinado de Dios es asimilado a un gigantesco reino que proporciona protección a sus ciudadanos.

V. 33: esta breve comparación paraleliza el ámbito de los quehaceres domésticos rurales con el de las tareas agrícolas y a una mujer con un hombre. La imagen tiene un fuerte contenido contracultural, pues la elección de la levadura como elemento comparativo con el reino de los cielos es una provocación para los oídos judíos, ya que esa sustancia era sinónimo de algo negativo (cf. Mateo 16,6;  Marcos 8,15; 1 Corintios 5,6; Gálatas 5,9), determinación que se derivaba de la costumbre de eliminar todo vestigio de levadura al comienzo de la fiesta de los panes sin levadura.

El nexo de esta parábola consiste en el desarrollo de algo pequeñísimo hacia una magnitud impresionante. Una medida (sat) correspondía a un volumen de 13,5 litros; las tres medidas equivalían a un volumen de harina de 40 litros, lo cual proporcionaba pan para unas 150 personas. Salta, pues, a la vista el enorme contraste entre el comienzo y el resultado final, al igual que en la parábola de la semilla de mostaza. Asimismo, también esta parábola subraya implícitamente un proceso imparable e irreversible.

Sumando ambos nexos, se obtiene que las dos parábolas afirman que el poderoso reino de los cielos, tan esperado y concretamente anunciado por Jesús mismo, se desarrolla a partir de unos comienzos insignificantes, que pueden ser ubicados retroactivamente en Jesús y sus discípulos.

No es necesario construir una alegoría y extender el significado de las aves a los gentiles que acuden al reino. Esto introduciría una nota extraña a la parábola de la semilla de mostaza.

 

Breve reflexión teológica

Una vez más, el reino de los cielos es introducido como una realidad presente, pero presente de manera secreta, velada, tapada. Esta presencia, cuyos comienzos son sumamente humildes e insignificantes, fácilmente puede ser ignorada o pasada por alto, pues no tiene nada de espectacular. El reino ha llegado, pero no en la manera espectacular e inconfundible como muchos contemporáneos de Jesús se lo habían imaginado. Esto es uno de los misterios del reino (Mateo 13,11) que los discípulos van captando “a los tumbos”. Por su parte, el desarrollo del reino es imparable y su final será glorioso, diametralmente opuesto a sus comienzos y quizá a su mismo crecimiento. Nótese que si bien la idea de crecimiento está presente, ambas parábolas trabajan fundamentalmente sobre el contraste entre el comienzo y el final de todo el proceso.

La peor tentación para la predicación sobre estas dos parábolas consiste en identificar el reino con la iglesia (o la iglesia con el reino), y hablar entonces de los comienzos insignificantes y la actual extensión de la iglesia universa sobre toda la tierra. Esto indefectiblemente lleva al triunfalismo de una teología de la gloria, opuesta al espíritu del evangelio y a lo que nos es revelado sobre Dios: que él obra en lo pequeño, lo insignificante, lo despreciable, lo marginal, lo bajo, lo condenable, lo crucificado. Que obra en el sufrimiento, que transforma a las personas y capacita a quienes son o se creen inútiles para grandes cosas.

 

Algunas pistas para la predicación

-          A lo largo y a lo ancho de América Latina, vivimos una depresión general debido a la situación socioeconómica trágica de nuestros pueblos, caracterizada por la exclusión, la miserización, la desesperación y la desesperanza. Algunos países están al borde del precipicio, en otros ya se produjeron explosiones sociales, y en muchos lugares se está acumulando un peligroso potencial de muerte. ¿Dónde quedó el reino, dónde quedaron sus promesas? ¿Qué podemos esperar en medio de esta situación cada vez más cerrada y lúgubre? ¿Queda acaso algo positivo por esperar?

-          En esta situación nos llega hoy estas dos sencillas parábolas de Jesús sobre el reino. Quieren ayudarnos a reconstruir la esperanza en que es posible otro estado de cosas. Las parábolas nos animan a “engancharnos” en un proceso de crecimiento del reino, que comienza casi con una “nada”: la promesa de la presencia de Jesús; pero sepamos que ese crecimiento es imparable y que en su momento el reino será reconocido en toda su gloria.

-          A partir de este cuadro y llevando las comparaciones a nuestras vidas, podemos animarnos a decir y a creer que toda acción de amor derivada de nuestra participación en el reino colabora con su crecimiento, anticipa el reino en pequeñas dosis, “promociona” el reino, y a su vez nos afirma en la esperanza. ¡Vale la pena participar!

 

Responsable: Dr. René Krüger

Instituto Universitario ISEDET, Buenos Aires, Argentina

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Palabras relacionadas

Parábola, Reino, Mostaza, Levadira

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