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11 de agosto de 2016

Estudio Exegético Homilético (Lc 12:49-56)

Autor/es: René Kruger

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Lucas 12:49-56

Introducción 
“Jesús, causa de división” – tal es el título que suele llevar este texto en muchas Biblias. Sin embargo, este rótulo no abarca la totalidad de significados de esta colección de dichos. Por de pronto es como si de repente “explotara” algo en Jesús, sin que podamos captar con claridad qué es ese “algo”. La exégesis hará bien en reconocer que no resulta totalmente claro qué es lo que significa este pasaje. A ello se agrega el hecho de que los vs. 54-56 no parecen tener relación directa con los anteriores. En efecto, diversos comentarios establecen un corte claro luego del v. 53. Proponemos hacer lo mismo para la predicación.

Repaso exegético 
Lc 12:49-56 es una composición redaccional de varios dichos: vs. 49; 50; 51-53; 54-56. 
La teología histórico-salvífica lucana permite comprender bajo el fuego que Jesús vino a echar en la tierra – por lo menos, en la estructuración actual del pasaje – una referencia al Espíritu Santo como don del Señor Resucitado. El dicho implica que en el momento actual, aún a cierta distancia del desenlace terrenal de su camino, Jesús ya anhela el cumplimiento de esta etapa que será radicalmente diferente. Originalmente la frase pudo haberse referido al juicio final, por la estrecha relación entre el fuego y la idea de juicio en el pensamiento veterotestamentario y juicio; o también a la purificación por la palabra de Jesús y la formación de la comunidad de seguidoras y seguidores (purificados por esa palabra). Estamos ante uno de los frecuentes casos en los que una palabra despliega nuevos significados por la combinación redaccional con otras y por su lugar en el libro entero. 
Por su parte, es muy probable que Lc 12:50 se esté refiriendo a la pasión. Así lo parece insinuar, entre otros indicios, la relación de Lc 12:49-50 con Mc 10:38, donde Jesús habla claramente de su muerte. El verbo angustiarse o estar puesto en estrecho (synejo) también es empleado por Pablo en Filipenses 1:23-24 cuando habla del dilema entre morir o quedar en la carne. (Para expresar su deseo de morir, Pablo usa el eufemismo deseo de partir y estar con Cristo). 
En el EvMt, las palabras de Lc 12:51-53 aparecen en Mt 10:34-36, donde forman parte del discurso de envío de los Doce. Cabe destacar que la formulación mateana inicial es considerablemente más audaz y drástica (No he venido para traer paz, sino espada). 
El primer dicho fue combinado luego redaccionalmente con las palabras sobre los conflictos familiares y la enseñanza sobre las señales de los tiempos, resultando de esta manera un cuadro de advertencias ante múltiples conflagraciones. 
Ante la severidad de la pasión con la que debe confrontarse, Jesús refuta una comprensión pasivista e irénica del seguimiento, al estilo de “está todo en orden”, “está todo bajo control”, “está todo bien”. Los discípulos y las discípulas deben saber que su camino implica serias dificultades, que pueden incluir también divisiones familiares. El dicho incorpora, transformando su contexto, la frase de Miqueas 7:6: Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa. 
El conjunto global de estos dichos debe ser comprendido a partir de la visión histórico-salvífica inherente a la teología lucana. Jesús hace que los discípulos dirijan su mirada a la meta final, y organicen su vida en consonancia con la misma, contando con la posibilidad muy real de tener que sobrellevar conflictos desgarradores. Al mismo tiempo, Jesús se introduce a sí mismo en este transitar, anticipando lo que luego de su resurrección tendrá que inculcar reiteradamente a sus discípulos: que era necesario que el Cristo padeciese, y que así entrase a su gloria (Lc 24:26) (resucitase de los muertos, Lc 24:46). Este énfasis en el paso por la pasión para llegar a la resurrección fue imprescindible, ya que los discípulos seguían sosteniendo el esquema de un mesianismo triunfalista y davídico, portador de una teología de la gloria. De esta manera, los vs. 49-50 son ahora la primera referencia (anuncio, si se quiere) de Jesús mismo a su pasión.

Breve reflexión teológica 
Más allá de los conflictos familiares, casi “naturales” en los primeros momentos del surgimiento del movimiento de Jesús, el texto bosqueja la aparición de dificultades y contrariedades cuando se asume en serio el seguimiento de Jesús. Esto está en consonancia con el mismo camino del Salvador, quien tampoco sostuvo una teología de la gloria ni gozó de una vida fácil, sino que tuvo que pasar por la amarga experiencia del martirio para llegar a la resurrección. 
Cada discípulo, cada discípula deben tomar distancia de toda atadura que pueda afectar la seriedad de su seguimiento de Jesús. Esto puede abarcar tanto los lazos familiares como también cualquier otro tipo de relaciones. Asimismo, incluye componendas, chanchullos y artimañas; y por supuesto también “pactos” con personas, estructuras y poderes injustos, dañinos y malignos. En el camino del seguimiento surgen reproches, dificultades e incluso divisiones en varios niveles: familiar, comunitario, social, político. La paz a cualquier precio no es el propósito de Cristo. La lealtad a Él ha de estar por encima de todas las demás relaciones. Ningún vínculo, sea familiar, social o de la índole que fuere, debe ser impedimento para la fidelidad a Cristo.

Posible esquema para la predicación 
1. ¿Qué nos significa el seguimiento de Jesucristo? ¿Es una mera cuestión de tradición familiar, de identidad cultural, de costumbre religiosa; o se trata de un seguimiento decidido? 
2. ¿Qué dificultades nos trae el seguimiento de Jesucristo? ¿Qué relaciones, componendas o chanchullos dificultan y obstruyen nuestro discipulado? 
3. Jesús nos invita a un seguimiento pleno, auténtico, decidido; a comprometernos de buenas ganas y con todas nuestras fuerzas con Él y su obra. ¿Lo renovamos ahora mismo?

Autor: Dr. René Krüger 
Instituto Universitario ISEDET - 19.08.2001

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Palabras relacionadas

Predicación, Evangelio, División, Enfrentamientos, Fidelidad

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