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16 de marzo de 2017

Estudio Exegético Homilético (Juan 4:5-42)

Autor/es: Néstor Miguez

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ESTUDIO EXEGÉTICO-HOMILÉTICO 024 – Marzo 2002

ISEDET, Instituto Universitario

(Autorización Provisoria Decreto PEN 1340/2001)

Buenos Aires, Argentina

Este material puede citarse mencionando su origen

 

3º de Cuaresma – Néstor Míguez

Salmo 95; Éxodo 17: 3-7; Romanos 5: 1-11; Juan 4:5-26 (27-42)

 

Análisis del texto

El relato del Encuentro de la mujer samaritana con Jesús junto al pozo de Sijar ha sido uno de los textos más comentados por su riqueza, por las afirmaciones de Jesús en torno de si mismo y del Padre, por la apertura de Jesús a los diferentes (mujer, samaritanos), por el impacto misionero de esta conversación/conversión, etc. Intentar un resumen de todos estos aspectos resulta imposible en este breve comentario. De acuerdo al método propuesto, lo que haremos es destacar algunos elementos narrativos poniéndolos en la perspectiva de alguno de sus personajes. En este caso lo haremos desde la óptica de la mujer samaritana.

La mujer va al pozo a buscar agua. Esto ya define la posición social: es una tarea de pobres o de siervas. Es una tarea pesada (recordemos la conocida cumbia colombiana La múcura [ánfora de barro para transportar agua] y su estribillo en boca de una muchacha... “Mamá, no puedo con ella...”), especialmente si hay que hacerla bajo el sol del mediodía. También probablemente define su escaso humor, su deseo de terminar y volver cuanto antes. En camino al pozo se cruza con unos judíos de Galilea que van a la aldea a buscar comida (los discípulos), y que ni le hablan. Quizás ni siquiera notan su paso. Al llegar se encuentra con otro judío, a orillas del pozo. Se sorprende porque este otro si le habla y le pide agua. “Ya –pensó la mujer, cuando hay necesidad se acabaron los prejuicios”. Se lo hace notar... ¡Cómo, un judío pidiéndole agua a una mujer samaritana!.. si ni siquiera quieren usar los utensilios que nosotros tocamos... (La lectura tradicional ha puesto el énfasis en que Jesús rompe el prejuicio... mirándolo desde la mujer a lo mejor aparece otro matiz: los prejuicios de los orgullosos varones judíos se acaban cuando tienen sed...).

La respuesta de Jesús aparece como un acertijo... “Si conocieras el don de Dios... (v.10)”. Jesús le habla en tercera persona, como si no estuviera involucrado en la conversación. “Aja, ahora me quiere confundir para no dar el brazo a torcer”, reacciona la mujer. Pero no voy a caer en su juego... sigamos con las cosas simples. –Vamos, con qué vas a sacarla... esto no es una fuente... (y luego, para sí)... Voy a poner en su lugar a este judío presuntuoso que se cree un “don de Dios”... (y nuevamente en voz alta) ¿Acaso eres mayor que nuestro padre Jacob...? (v. 12).

Jesús le responde con nuevos enigmas (v. 13-14). La mujer: (Ahhh... si éste es el juego, sigámoslo en la misma línea...) “Bueno, dame de esa agua, así no tengo que venir más acá”... (A ver si ahora me respondes. Que siga con sus enigmas y frases, que yo seguiré con la realidad cotidiana...). Los teólogos siglos después interpretan... “La mujer no entiende, no es capaz de discernir el Cristo que le habla... sigue apegada a las cosas terrenales, y Jesús le habla de cosas espirituales...”. Otros, con mejor voluntad, ven en la mujer un sincero deseo de romper con la tradición y acceder a lo nuevo que Jesús le ofrece, aunque siguen interpretando en clave simbólica, en la clave que propone Jesús y no la que maneja la mujer. Es fácil interpretar veinte siglos después y con el mensaje completo.

Pero la mujer muestra su inteligencia y perspicacia al mantener el juego de tensiones entre enigmas y realidad. Ella entiende desde su propio mundo vital. Ella está allí y sabe el duro suelo que pisa... no la van a mover así nomás las extrañas adivinanzas de un forastero. Si no pueden cambiar su realidad del pesado trabajo de cada día, esos enigmas no sirven. Son las elucubraciones que pueden proponer los que no tienen la dura tarea de buscar agua todos los días.

El diálogo continúa. Ahora sí, Jesús vuelve al lenguaje de las cosas llanas... “busca a tu marido”. La mujer siente una pequeña victoria... “Claro, quiere hablar ‘de hombre a hombre’, no sabe cómo manejarse conmigo... no me pudo arrastrar con sus incógnitas... ahora está tratando de derivar hacia otro lado; al final se va a quedar con sed por mostrarse misterioso...”. “No tengo marido”, contestó. “Esto se está terminando, no vamos a seguir con este diálogo inútil. Ya va siendo hora de volver”, seguramente pensó.

¿Qué quiso decir Jesús con eso de los cinco maridos? Dejemos a los teólogos que discutan la naturaleza simbólica o real de esta afirmación, que tanta mala fama le trajo a la pobre trabajadora de Sijar. Pero en la cabeza de aquella mujer de pueblo eso hizo un ¡clic! Sea por lo que fuera, se dio cuenta que el juego de enigmas comenzaba a tocar la realidad de su vida. Acá se demuestra su inteligencia: fue capaz de percibir como se modificaba el sentido de esta conversación porque el forastero ya no proponía abstracciones, sino que hablaba de sus relaciones vitales. Hablaba de sus desplazamientos: una mujer no podía divorciarse, la iniciativa siempre correspondía al varón. Cinco varones la habían buscado para después deshacerse de ella. Si cinco maridos la habían repudiado, cinco veces había sido acusada, desamparada, privada de una relación necesaria para la subsistencia. Ahora otro hombre, que no es su marido, le estaba dando protección. Ahora sí el forastero comienza a descorrer el velo de la realidad, a mostrar la injusticia que ha debido soportar, el lugar en el que ha sido puesta. Mientras los comentarios suelen poner la carga de culpa en la inconstancia (y hasta el adulterio) de la mujer, pocos miran la exclusión de la que ha sido víctima por los sucesivos despreciadores. Ahora este forastero toma esto en serio: eso lo hace profeta. La cosa comienza a cambiar.

Allí muestra que no era nada tonta. Conoce las condiciones y discusiones de su pueblo. “Ya que has podido mostrar la injusticia que afecta mi vida, dice, mira la que afecta a mi pueblo, privado de un lugar de culto (v. 20 –notar el tiempo pasado del verbo adorar: el Templo samaritano del Garizim había sido destruido por los judíos en época de los macabeos. Si querían celebrar el culto debían hacerlo en tierra enemiga y bajo sacerdotes hostiles). Ella ha llevado a Jesús a su terreno: debe aclarar sus dichos a partir de tomar en cuenta las realidades de vida. La realidad del duro trabajo de las mujeres aldeanas, de la exclusión de la repudiada, de la discriminación religiosa a la que ha sido sometido su pueblo. Las respuestas de Jesús tendrán que ver con esto para tener sentido.

La respuesta de Jesús comienza a hacer sentido de los enigmas anteriores. Estamos hablando de la realidad, pero de una realidad en sus dimensiones más profundas, de la realidad que le da sentido a las otras realidades. La mujer no es tonta. Percibe esto y lo reconoce. Lo espiritual que Dios busca, y de los que buscan a Dios, está a su alcance. Se hace persona: es el que habla con ella. Entonces sí, ella, dejando el cántaro, va a mostrar ante la aldea que hay quien le ha dicho verdaderamente quien es, que la ha reconocido como persona, que le ha confrontado con el significado profundo de sus hechos (v. 28).

 

Sugerencias homiléticas

Se nos ofrecen varios temas. Uno es la posibilidad de mostrar, si se sigue la pauta exegética anterior, como las distintas perspectivas y miradas abren otras significaciones para el mensaje. No siempre hay que mirar la fe desde lo doctrinal, desde lo simbólico, desde el protagonismo de Jesús. La fe es necesariamente diálogo, donde la respuesta humana es fundamental. Y la respuesta humana no es solo sí o no (en ese caso no hay diálogo). Es también de sentimientos, condiciones, vivencias, de situaciones que van permitiendo y modelando el sí de Dios en Jesús, como el sí humano desde espacios y esperanzas concretas, desde lugares de dolor y exclusión que esperan justicia.

También es posible enfocar este texto desde la perspectiva de los prejuicios. Veinte siglos después la mujer de Sijar sigue siendo acusada de adúltera, tonta, incapaz, en cientos de comentarios y predicaciones. Hemos tratado de mostrar que esa lectura es ya víctima de los prejuicios. La discriminación que Jesús logra vencer se ha reinstalado en los discursos teológicos. Ella ha sido víctima de leyes machistas, de una sociedad patriarcal y de formas de exclusión muy dramáticas. No son los cinco casamientos de Elizabeth Taylor u otra diva de Hollywood. Es la historia de una mujer trabajadora aldeana, que supera la limitación cultural que le es impuesta para reconocerse a si misma en la misionera de una humanidad más plena, y la persona digna que dejando el cántaro anuncia la venida del Mesías.

En esta línea es también posible destacar la idea de la importancia del contacto con el mundo real, la necesidad de que el mensaje del Evangelio pueda tocar los mundos vitales distintos de nuestras condiciones humanas. La conversación aparece errática mientras Jesús habla en el plano simbólico, pero apela y se hace revelación para aquella mujer cuando toca su vida cotidiana. Los misterios hacen sentido cuando no se muestran separados de la vida de todos los días, sino en su base y fundamento, en la orientación que es capaz de darle a los actos dispersos de la vida una conexión más profunda. “Me ha dicho cuanto he hecho” (v. 29) no es solo que le ha contado lo que ella ya sabía. Les ha dado sentido de verdad y coherencia a los actos y sufrimientos que parecían dispersos, a su vida. Ha bebido así del agua que brota para vida eterna.

Domingo 03.03.2002 

 

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Samaritana, Mujer

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