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29 de septiembre de 2016

Compartiendo la Palabra (Lucas 17:5-10)

Autor/es: Ángel Furlan

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DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO

VIGÉSIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS (PROPIO 22)

2 DE OCTUBRE DE 2016

San Lucas 17:5-10

En las Sagradas Escrituras encontramos sentidos diferentes en la aplicación de la palabra escándalo[1]. La mayoría de las veces que es usada en el A.T. es para referirse al mal, ya sea a la trampa tendida por los malvados hacia el justo o a la incitación a obrar lo malo. Pero también es usada en el sentido opuesto, por ejemplo con respecto a Yahvé que viene a ser piedra de escándalo y roca de tropiezo para aquellos que no reconocen la acción inminente de Dios que viene a juzgar y salvar[2].

En el capítulo quince de San Lucas vemos como Jesús y la Buena Noticia, el Evangelio, son motivo de escándalo para los sostenedores del sistema, para los religiosos y el mundo político y social, al proclamar que los caminos de la salvación de Dios son completamente otros y que en el mundo nuevo de Dios no existen ni primeros ni últimos, ni ganadores ni perdedores, y que él comparte la mesa y tiene comunión con aquellos que para la sociedad y el mundo religioso están del lado de los perdedores de este mundo, los “pecadores”, los empobrecidos, los excluidos. La actitud de Jesús escandalizaba a los líderes religiosos judíos que murmuraban diciendo “este hombre recibe a los pecadores y come con ellos[3].

Esto último es algo para hacernos reflexionar, cuando la iglesia de Cristo se torna demasiado respetable y ya no es motivo de escándalo para el sistema de este mundo es muy posible que en el camino haya perdido la esencia del Evangelio. Junto con mi agradecimiento al Pastor Lisandro Orlov por publicar casi diariamente breves párrafos de Lutero, comparto el recibido el día 11 de septiembre: Si nuestra obra suscita una inmediata y dura crítica, entonces alegrémonos y confiemos en que es una obra que le agrada a Dios, más aún: estemos seguros de que es una obra que tiene su origen en Dios mismo; pues lo que procede de Dios, tiene que ser crucificado en este mundo. Hasta que no sea conducido a la cruz (esto es, a un vergonzoso padecimiento), no se conoce que es de Dios. ¡Como que ni siquiera el Hijo unigénito del Padre quedó exento de esta experiencia, sino que antes bien tuvo que servir de ejemplo para la misma! "Bienaventurados pues los que padecen persecución por causa de la justicia" (Mateo 5:10). "Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos" (Mateo 5:12).[4]

Pero el texto de hoy no se refiere al escándalo que provoca Jesús y su Evangelio por su fuerza contra cultural y anti sistema, por su oposición activa hacia todo aquello que deshumaniza al ser humano y lo priva de su dignidad inherente, ofendiendo por ende a aquellos que son sus sostenedores.

El texto se refiere a los escándalos que encontramos en el sistema del mundo, en el reino actual del anti-Cristo que se manifiesta en el terreno político, económico financiero, social y religioso. Sigue en forma inmediata a la parábola del rico indiferente frente a la necesidad y el dolor humano (llamada tradicionalmente del rico y Lázaro). El escándalo al que se refiere Jesús es al de un mundo construido sobre el modelo de enriquecidos y empobrecidos, ganadores y perdedores, de primeros y últimos, de gente honorable y pecadores (llamados así por los considerados honorables). Un mundo lleno de trampas que someten al inocente en manos de corruptos e inescrupulosos que usan el poder para mentir, dominar y corromper, para robar, matar y destruir[5]. Un mundo en el que la fiesta de la vida se ha transformado en la fiesta de unos pocos que pretenden poseer la tierra con todas sus riquezas y a los seres humanos que habitan en ella.

Hay momentos en que parecería que es imposible luchar contra el mal. La bestia apocalíptica no sólo tiene siete cabezas sino que cuando una de ellas recibe una herida que parece mortal, se repone inmediatamente y continúa dominando el mundo y mucha gente llega a afirmar ¿quién puede luchar contra ella?[6]

Cuántas veces por ejemplo el sistema financiero que somete a gran parte del mundo y lo aprisiona en el mecanismo de la deuda perpetua ha parecido estar al borde del colapso y se llegó a vislumbrar un cambio en el modo de relacionarnos económicamente entre las naciones, pero la herida fue sanada, los gobiernos decidieron sostener el sistema y los que pagaron las consecuencias fueron, como siempre, los más pobres y vulnerables.

Refiriéndose a estos temas Martín Lutero escribía: “Por eso no es extraño que estén a punto de arrebatar los bienes de todo el mundo… Reyes y príncipes deberían ocuparse en el asunto y reprimirlo mediante leyes severas. Pero oigo que se han conjurado con ellos. Y se cumple la palabra de Isaías 1: ‘Tus príncipes son compañeros de ladrones’. Mientras que hacen ajusticiar a los ladrones que han hurtado un ducado o medio ducado, tienen trato con los que roban a todo el mundo y hurtan peor que todos los demás. Así queda cierto el proverbio: ‘Los ladrones grandes ahorcan a los ladrones pequeños’. Y como dijo el senador romano Catón: ‘Simples ladrones están en los calabozos o cepos pero ladrones públicos andan en oro y seda’”.[7]

En la lectura de Habacuc que acompaña en la liturgia a este pasaje del Evangelio, vemos al profeta reclamando a Dios ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches, clamaré hacia ti: "¡Violencia", sin que tú salves?  ¿Por qué me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresión? No veo más que saqueo y violencia, hay contiendas y aumenta la discordia.  Por eso la Ley no tiene vigencia y el derecho no aparece jamás: ¡sí, el impío asedia al justo, por eso sale a luz un derecho falseado![8] … ¿Por qué contemplas a los traidores y callas cuando el impío devora a uno más justo que él?[9] …Me pondré en mi puesto de guardia y me apostaré sobre el muro; vigilaré para ver qué me dice el Señor, y qué responde a mi reproche[10]

Frente a los escándalos que hieren y hacen caer a los débiles en la desesperanza, frente a la injuria de la obscenidad de los ricos frente a los Lázaros de este mundo que se cuentan por miles de millones, frente a un sistema injusto e inmisericorde, frente a tanto dolor sin sentido ni respuesta creo que nos sentimos tentados a identificarnos con la queja del profeta Habacuc, con un “¿hasta cuándo?” que implica que hay momentos en que llego a creer que ya no puedo más, y un “¿por qué?” que significa que me siento como que he llegado al punto de no entender nada.

El profeta, como tantas veces nosotros y nosotras, se enfrenta al inquietante problema del mal, la violencia, la crueldad, las contradicciones, las injusticias, los absurdos. Habacuc vive en un momento histórico muy particular: el choque de las dos grandes superpotencias de su tiempo Asiria – en decadencia – y Babilonia que está emergiendo. Hay un antiguo proverbio africano que dice que cuando los elefantes luchan es la hierba la que sufre. Pero no sólo las guerras acumulan escombros y cadáveres, todo el sistema parecería estar (o realmente lo está) diseñado para que quienes son más vulnerables sufran golpes imprevistos, vean proyectos que se derrumban, sufran constantes desilusiones y pérdidas dolorosas. Cargados de trabajos y al mismo tiempo sufriendo la angustia del desempleo.

La respuesta de Dios al servidor suyo, que en su queja intenta también entender y ponerse en sintonía con el corazón de Dios, llega con un llamado a la fe y la fidelidad: El Señor me respondió y dijo: Escribe la visión, grábala sobre unas tablas para que se la pueda leer de corrido. Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará.  El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad[11].

La Palabra de Dios le llega al profeta, y también a nosotros y nosotras, diciendo que escriba en una tablilla el cumplimiento, el vencimiento, diciendo que no será así para siempre. Nosotros sólo podemos esperar ese vencimiento, aunque no sabemos la fecha. Mientras tanto lo que nos sostiene es la fe. El servidor de Dios tomará fuerza y se nutrirá en su fe para no bajar los brazos. No se lo alienta a buscar seguridades, explicaciones ni verificaciones de ninguna clase sino sólo a confiar en la sabiduría de Dios y a mirar el horizonte sabiendo que vendrá, que inexorablemente vendrá, el día en que la justicia y la paz reinen en el mundo y que es necesario trabajar sin descanso mientras lo esperamos, en la constante del Reino “ya aquí ahora” aunque “todavía no”.

Desde la lectura del libro de Habacuc como desde el Evangelio recibimos un llamado a la fe y a la fidelidad en el servicio. En este sentido, la parábola del servidor debe ser leída desde la visión del siervo y no de la del amo. Lo que caracteriza al siervo de la parábola es la gratuidad. No espera recompensa. Se considera un siervo inútil que no es dueño de nada ni merece nada, sólo tiene el privilegio de servir. Hay una enorme diferencia entre servir desde la fe y servir desde el mérito. A la gratuidad del don de Dios corresponde una postura semejante por parte del servidor de Dios: dedicación apasionada, humilde, diligente y modesta. Sin reivindicaciones y sin la ambición de “merecidos” honores.

Hoy no escasean los que se consideran a sí mismos importantes “siervos de Dios”, pero hay una gran escasez de los que se consideran siervos inútiles. Hay demasiados y demasiadas que se consideran necesarios. Piensan, aunque lo nieguen, “¿Qué sería del Reino de Dios, o de la iglesia, sin mi servicio?”. Pero, el siervo del Evangelio no se presta a la admiración pública ni espera reconocimiento, prefiere, luego de haberse puesto a disposición de Dios y de sus hermanos, el precioso y rarísimo premio de poder declarar su total y absoluta inutilidad.

Frente a esto, como los discípulos, tenemos que orar: auméntanos la fe, que quiere decir posiblemente transforma nuestra fe. Hazla verdadera, ferviente, genuina, confiada, segura, incorruptible. Una fe que sabe esperar, que no se asusta frente a las dificultades sino que las enfrenta, que no tiene miedo de seguir trabajando. Una fe y una fidelidad que no espera recompensa porque sigue el camino de Jesucristo.

P. Ángel F. Furlan - Iglesia Evangélica Luterana Unida

Buenos Aires, Argentina.



[1]Escándalo: la palabra latina scandalum deriva del griego scándalon (σκάνδαλον) referido al cepo, lazo o trampa para cazar animales. En un sentido metafórico viene a designar todo lo que impulsa a algo, todo lo que hace caer. Si bien la mayoría de las veces se refiere a un impulso hacia el mal, en las Escrituras es utilizada también en sentido positivo con respecto a la acción de Dios que tiene caminos y derroteros distintos a los que imagina o espera el hombre pecador.

[2]Cf. Isaías 8:14

[3]Cf. San Lucas 15:2

[4] MARTIN LUTERO. Comentario de la Carta a los Romanos. Traducción del texto en latín Erich Sexauer. Obras de Martín Lutero, Tomo X.  Ediciones La Aurora. Buenos Aires. 1985. Página 72

[5]Cf. San Juan 10:10

[6]Cf. Apocalipsis 13:3-4

[7]MARTÍN LUTERO, “Comercio y Usura”, Obras de Martín Lutero Volumen II, Ed. La Aurora, Buenos Aires, 1974, página 120

[8] Cf. Habacuc 1:2-4

[9] Cf. Habacuc 1:13b

[10] Cf. Habacuc 2:1

[11] Cf. Habacuc 2:2-4

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Lucas, Siervos, Siervas, Fe, Mostaza, Fidelidad

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