Red de liturgia

CLAI - Consejo Latinoamericano de Iglesias

Inicio | Quiénes somos | Enlaces

08 de septiembre de 2016

Compartiendo la Palabra (Lucas 15:1-10)

Visto: 1856 veces

Compartiendo la palabra

DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

DÉCIMO SÉPTIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS (PROPIO 19)

S. Lucas 15:1-10

 

Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". La respuesta de Jesús sontres parábolas que forman una trilogía que la iglesia ha dividido en cuanto a su lectura, dedicando la tercera de ellasal cuarto domingo en Cuaresma y las dos primeras al presente domingo. Tradicionalmente estas tres parábolas han recibido los nombres de “parábola de la oveja perdida”, “parábola de la moneda perdida” y “parábola del hijo pródigo”.

 

Quizás sea tiempo de cuestionar los nombres que se han dado a muchas de las parábolas del Evangelio y que inducen, de alguna manera, a una lectura de las mismas que no siempre coincide con su intención original. En cuanto a las dos parábolas objeto de nuestra lectura trataremos de hacer el ejercicio de olvidar el nombre tradicional y abandonar el énfasis que éste pone en la oveja y la moneda y enfocarla mirada en el pastor que hace opción por la oveja que se perdió y en la mujer que busca la moneda.Lo que Jesús está tratando de decir, frente a los que murmuran contra él, es quesu  manera de actuar está de acuerdo al modo de Dios. Sencillamente, Dios es así, como el pastor o como la mujer de las parábolas.

No siempre es posible entender la forma de actuar de Dios, más aún, muchas veces podemos vernos como, los fariseos[1] y escribas[2], tentados a criticarla. De alguna manera esto es ilustrado por las historias que cuentan las parábolas. Un pastor que deja noventa y nueve ovejas para buscar una que se perdió parece, a primera vista, un poco imprudente. Una mujer que hace fiesta porque recupera una moneda cuyo valor sería un poco más de cien pesos[3] en dinero de hoy parece ser algo exagerada. Es una acción casi extravagante llamar a amigas y vecinas para hacer fiesta por haber encontrado una moneda. De la misma manera, leyendo la tercera parábola, en el contexto social de ese entonces sería altamente criticable la actitud del hombre que, perdiendo la compostura y dignidad patriarcal[4], salió corriendo a recibir a un hijo que lo había defraudado y volvía envuelto en harapos.

Jesús está diciendo que él actúa de la manera en que lo hace porque Dios es así. La verdadera imagen de Dios y su forma de actuar se reflejan en las obras y el modo de ser de Jesús. Jesús, según la opinión de los religiosos, es imprudente en sus compañías, como cuando se deja tocar y hasta lavar los pies por una “mujer de mala vida” y participa en fiestas poco “santas” en medio de gente común; es exagerado en sus manifestaciones desafiando a los religiosos, condenando a los ricos y enfrentando a los príncipes. Jesús no tiene la compostura de los grandes maestros. A través de estas y las otras parábolas del Evangelio Jesús nos está diciendo así es Dios. Él no se ajusta a las tradiciones religiosas ni a los instituidos sociales. Él no es como lo pintan los religiosos y los representantes del poder. Él no está aliando con el sistema social que establece que entre los seres humanos haya gente descartable. Él no puede aceptar que ni siquiera uno quede excluido de la fiesta[5].

En los capítulos anteriores de San Lucas podemos leer que para Dios no hay primeros ni últimos, que el mundo de Dios (el otro mundo posible)consiste en una comunidad de iguales. Que la iglesia, que no es otra cosa que la comunidad de los discípulos, seguidores y seguidoras de Jesús, tiene por misión proclamar esta Buena Noticia de vida plena y que esto significa un costo: seguir a Jesús en el camino de la cruz renunciando a todo lo que es considerado como algo a que aferrarse por el sistema que gobierna el mundo

Jesús está hablándonos también a nosotros y nosotras sobre la necesidad de entender cómo es Dios en su relación para con los “perdidos” por el sistema del mundo. Con aquellos que para la sociedad (y aún para algún sector de la misma iglesia)no son más que material descartable, están perdidos y no se puede o no vale la pena recuperar.

Este capítulo quince de San Lucas comienza diciendo que había dos clases de gente que se acercaba a Jesús. Por un lado los publicanos y pecadores que llegabanhambrientos de encontrar un lugar de aceptación, de escuchar palabras de esperanza y consuelo, deseosos de cambiar para mejor. Por el otro los fariseos y maestros de la ley, los religiosos que estabanpreocupados por la enseñanza subversiva de Jesús, deseosos de encontrarlo en alguna contradicción, de encontrar alguna forma de desacreditarlo y rechazar sus enseñanzas. Estas parábolas están dirigidas a estos últimos, a aquellos que,como argumento fundamental para desacreditarlo, dicen"Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".

Hay una prueba que los religiosos no pueden superar. Lo que los escandaliza casi como un acto sacrílego es la convivencia de Jesús con los que ellos consideran “pecadores sociales”y “pecadores morales”.Esta concepción de que hay “pecadores” que merecenquedar fuera tiene un fuerte contenido político tanto como religioso institucional. Es una concepción sostenedora de un determinado“orden” social en la que lo religioso da soporte teológico al sistema.

Las sociedades humanas, cualesquiera sean, comparten prejuicios y temores y excluyen, marginan y utilizana ciertos grupos entre ellas.Una comunidad religiosa cristiana también puede hacerlo si no sigue el camino de la cruz. Sería justo y saludable detenernos a pensar más a menudo hacia quienes tiene temor o prejuicios la sociedad en la que estamos insertos, y también la iglesia de la que somos miembros.Sería muy bueno preguntarnos si no es real que aceptamos a algunos pero con “reservas”, no con los mismos derechos y dignidad que todos.

Hay un grave riesgo en pensar que somos o pertenecemos a una especie de sociedad de los distintos, los buenos, los puros, los honestos, la gente de bien – los ciudadanos por derecho – según el lenguaje de algunos. Y desde esa superioridad ver, muchas veces, a los de afuera como pecadores y como una amenaza.

Hay un grave riesgo, instalado en lo más profundo de nuestro ser interior, en la concepción religiosa de un contrato con Dios, casi de igual a igual. Una religión en la que Dios promete la salvación a cambio de méritos obtenidos a través de determinados requisitos, generalmente relacionados con leyes morales,los dogmas, el culto,etc.

Necesitamos un entendimiento claro de la gratuidad de la salvación. Del incondicional amor salvífico de Dios. Dios sale a buscar al que se perdió en el camino, al que está en peligro, asustado, angustiado, desesperado y que a veces ni se da cuenta de su condición. Dios no sólo lo busca, sino que lo encuentra y luego hace fiesta.

También necesitamos un entendimiento de la importancia del uno en la totalidad. En la totalidad según Dios no son suficientes noventa y nueve, el uno es importante, valioso. Necesitamos entender y participar de la alegría por el uno, unaalegría que llega a celebrar una fiesta, a nuestro entender desmesurada, que despilfarra más allá del valor que nosotros, en nuestra miope visión, consideramosque tiene lo recuperado.

Todavía prevalece en nuestra religiosidad la concepción premio-castigo. Nos cuesta entender la propuesta de Jesús. Nos cuesta aceptarla en su totalidad, en todos sus detalles. La propuesta de Jesús es clara: El que salva es Dios y nadie más que Dios. Y lo hace sólo por amor. Y ese amor es preferencial hacia los más débiles, los más apartados, los más despreciados. Los ama aunque nadie los ame y nadie piense que merecen ser amados. No tiene que ver con merecimiento y esto también con respecto a nosotros y nosotras ya que ninguno de nosotros lo merece tampoco.

Dios nos es como los ídolos que fabricamos según nuestra propia imaginación. En estas parábolas Jesús está diciendo:así es Dios. Es como el pastor que deja las noventa y nueve para buscar la una. Es como la mujer que barre la casa entera hasta encontrar la moneda perdida. Es como el padre que hace fiesta porque el hijo que ha desperdiciado la herencia y su vida misma, ha vuelto a la casa.

Todo esto exige una profunda conversión. No de los de afuera, sino de nosotros, de los que creemos estar adentro. Hasta que esa conversión no se realice no podemos hablar de comunidad cristiana ni de fe cristiana. Deben quedar claros los dos tipos de religión que se oponen: la farisaica y la de Jesús. La de los fariseos es la sostenedora de un sistema de injusticia, exclusión y marginación. El Dios que nos muestra Jesús es el que sacude el tablero y desparrama las piezas de este mortífero juego de ajedrez,perfectamente armado de antemano, en el que ya está decidido por el sistemacuáles son las piezas que ganarán.

Ángel F. Furlan

Septiembre de 2016



[1] Fariseos. Su nombre significa los “separados” o “apartados”, eran grupo religioso judío originado en el tercer siglo A.C. en los días anteriores a las guerras de los Macabeos. En el relato evangélico se los caracteriza por su intolerancia para con los demás y su tendencia a poner énfasis únicamente en lo exterior de la religión. A menudo aparecen entre los más fuertes oponentes de Jesús.

[2]Los escribas eran funcionarios de menor jerarquía versados en la Ley que, al parecer, desempeñaban cargos de copistas o de jueces. En Jerusalén estaban muy relacionados con el gobierno judío y es muy posible que trabajaran en estrecha colaboración con los sacerdotes, tanto al juzgar y hacer cumplir las leyes y tradiciones judías, como al tratar otros asuntos del Consejo Supremo o Sanedrín, del que algunos formaban parte junto con los principales sacerdotes y los fariseos. En la narrativa de los Evangelios ellos y los fariseos están contados entre los más fuertes opositores de Jesús.

[3]Cien pesos en dinero de Argentina equivalen a menos de siete dólares de los EE.UU.

[4] Dentro de la institución fuertemente arraigada del patriarcado, el padre no sólo era el jefe de la casa sino que, de alguna manera,era el mismo representante de Dios.

[5]Esto sigue siendo así en un mundo y un sistema que aceptan como natural que más de la mitad de la humanidad viva en la pobreza.

Share

Palabras relacionadas

Lucas, ovejas, moneda

Atras