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25 de octubre de 2018

Al borde del camino (Marcos 10:46-52)

Autor/es: Florentino Ulibarri (España)

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Aquí estoy, Señor,

como el ciego al borde del camino 

–cansado, sudoroso, polvoriento–; 

mendigo por necesidad y oficio. 

Pasas a mi lado y no te veo. 

Tengo los ojos cerrados a la luz. 

Costumbre, dolor, desaliento... 

Sobre ellos han crecido duras escamas 

que me impiden verte. 

Pero al sentir tus pasos, 

al oír tu voz inconfundible, 

todo mi ser se estremece 

como si un manantial 

brotara dentro de mí. 

Yo te busco, 

yo te deseo, 

yo te necesito 

para atravesar las calles de la vida 

y andar por los caminos 

del mundo sin perderme. 

¡Ah, qué pregunta la tuya! 

¿Qué desea un ciego sino ver? 

¡Que vea, Señor! 

Que vea, Señor, tus sendas. 

Que vea, Señor, los caminos de la vida. 

Que vea, Señor, ante todo, tu rostro, 

tus ojos, tu corazón. 

Rvdo. Florentino Ulibarri (España)

Publicado originalmente en: feadulta.com 

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